Igualdad de género

La economía doméstica en la igualdad entre hombres y mujeres

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Desde siempre, en la historia de la humanidad y, en general, la existencia del ser humano ha estado condicionado por el poderío que ha ejercido la sociedad. El hombre se ha proclamado con un carácter opresor y discriminatorio y en algunas ocasiones ha empeorado que existan desigualdades entre ambos géneros. Hoy repasaremos la importancia que ha tenido la igualdad entre hombres y mujeres y el aporte de la economía doméstica.

La desigualdad social entre hombres y mujeres

No hay casi que dar explicaciones para que entendamos y sepamos que, desafortunadamente, la figura de la mujer se ha visto deteriorada en detrimento de la del hombre. Este último ha tenido un papel claro en la familia: traer dinero, ser el protector y delegar las tareas del hogar a las mujeres.

Puesto que el papel de estas se veía más débil, su actividad en el día a día se basaba en estar en casa y hacer las tareas domésticas del hogar. Este ha sido uno de los principales motivos de que existan diversos impedimentos a que la mujer, a día de hoy, se vea muy perjudicada en el ámbito laboral.

No nos referimos solo a las diferencias salariales o discriminación y acoso sexual, sino a otras discriminaciones menos palpables como lo son el techo de cristal o el techo de cemento, entre otros muchos impedimentos que hacen que una mujer no pueda desarrollar todo su potencial ni expresar todo su conocimiento. Esto es, desde luego, un aspecto que se debe mejorar a día de hoy ya que, como indicamos, existen muchas desigualdades que hacen que las mujeres no puedan desarrollarse bien.

Cómo la economía doméstica ha ayudado a que exista igualdad

Aunque parezca mentira, el mismo arma con el que los hombres se imponen a que muchas mujeres se queden en sus casas y no hagan nada, también ha servido para que muchos otros se den cuenta de que las cosas deben cambiar y ambas personas que conviven en el hogar deben compartir las tareas que pueden surgir.

La economía doméstica no solo implica las tareas del hogar, sino todo lo que conlleva el control de gastos e ingresos que se tiene, la asignación de recursos por parte de ambos miembros y la posibilidad de encontrar fuentes de financiación o activos en los que invertir.

Tradicionalmente, las tareas de mayor peso y de cálculo siempre ha recaído sobre el hombre y, el resto, las tareas del hogar como limpiar, fregar o barrer se le han asignado a las mujeres. El reparto equitativo de estas tareas permite no solo poder disponer de mayor tiempo para organizar nuestro día a día, sino equilibrar el tiempo libre de una persona con otra y que el acceso de ambos géneros al mercado laboral sea más fácil.

Que ambas personas puedan repartirse estas tareas significa mucho: además de servir de ayuda para no recaer todo el esfuerzo en alguien, deja tiempo para que la otra persona pueda dedicarse a buscar trabajo y en generar nuevos ingresos en el hogar.

Y podemos creérnoslo o no, pero los movimientos feministas de los últimos tiempos han propiciado a que existan familias con mayores ingresos y que esto sea debido a una mejor organización de las tareas. También tenemos que añadir el papel de las empresas en la equidad de género: los clientes y, en general, la sociedad, se ha vuelto un elemento fundamental en la organización y se tiene en cuenta a la hora de tomar decisiones y de propiciar que no existan tantas barreras. Para ello, se contribuye a equiparar salarios, eliminar los techos que se le han impuesto en la sociedad y a crear campañas de concienciación.